—Por eso quería que confiaras en mí —continuó—. No quiero hacerte daño. Solo quiero que… si algo ocurre… no estés sola. Que estés conmigo.
Una ráfaga de viento golpeó la ventana. O tal vez fue otra cosa. Algo más pesado. Más cercano.
Daniel se volvió hacia el ruido lentamente.
Yo apreté el sobre contra mi pecho.
Él murmuró:
—Ya empezó.
Y, en ese instante, la luz de la habitación parpadeó… y se apagó.
La oscuridad fue absoluta. Ni un rastro de luz se filtraba desde la ventana.
Solo escuché la respiración acelerada de Daniel… y la mía, que parecía desgarrarme el pecho.
—No te muevas —susurró él en la oscuridad—. Quédate cerca.
Pero mis piernas ya estaban temblando.
Di un paso hacia atrás. Tropecé con el borde de la cama.
El sobre con el dinero se me resbaló de las manos y cayó al suelo con un susurro de papel.
Entonces, en el silencio más asfixiante, escuchamos algo más.
Un paso.
Allí afuera.
En el pasillo.
Después otro.
Y otro.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
