Lo permití.
Evelyn les dijo a los periodistas que yo era "frágil".
Dejé que Victor solicitara al tribunal la congelación de los bienes de Daniel.
Incluso permití que su investigador privado me acompañara a fisioterapia, al cementerio, a la farmacia.
Nunca se percató del agente federal sentado en el coche dos plazas detrás del suyo.
Owen Rusk finalmente habló después de que los fiscales le ofrecieran protección.
Dijo que Victor lo había contratado a través de un intermediario. La orden era simple: chocar contra el coche de Daniel en la carretera vacía después de la recepción. Matar a Daniel. Dejarme lo suficientemente herida como para parecer una superviviente trágica, no una testigo.
Pero Owen añadió un detalle que dejó al fiscal principal sin palabras.
"La mujer pagó un extra", dijo. "La madre. Dijo que si la novia también moría, nadie la echaría de menos".
Esa noche, me quedé de pie junto a la tumba de Daniel bajo la lluvia.
"No voy a gritar", le dije. "No voy a suplicar. No les daré eso".
Un relámpago cruzó el mármol.
“Voy a enterrarlos como es debido.”
A la mañana siguiente, acepté la invitación de Evelyn a una reunión familiar privada en la Torre Voss.
Pensaba que iba a rendirme.
Llevaba el anillo de bodas de Daniel en una cadena bajo mi vestido negro.
Y un dispositivo de grabación bajo el cuello de la camisa.
Parte 3
La Torre Voss se alzaba cincuenta y siete pisos de cristal, acero y arrogancia.
Evelyn esperaba en la sala de juntas con Victor y tres abogados de la empresa. Parecía complacida, como una reina que observa a un sirviente arrodillarse.
“Tomaste la decisión correcta”, dijo.
“Todavía no la he tomado.”
Victor sirvió whisky a las diez de la mañana. “Sigue siendo dramático.”
Coloqué el disco duro negro de Daniel sobre la mesa.
La habitación se transformó.
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