Diana esperó a que Judith terminara de hablar. Luego respondió con calma.
“Todas las rescisiones se ejecutaron bajo cláusulas legalmente vinculantes firmadas por su junta directiva. Si cree lo contrario, su equipo legal tiene la libertad de impugnarlas en los tribunales.”
Judith colgó. Durante las semanas siguientes, Ellis Corporate Group comenzó a debilitarse. No con escándalos públicos. No con titulares dramáticos. Solo con una silenciosa parálisis operativa. Retraso en la concesión de licencias. Suspensión de sociedades. Perdida de oportunidades de expansión. Los inversores se retiraron gradualmente. Los ejecutivos dimitieron con cautela. La confianza del mercado se desvaneció.
Diana observaba desde la distancia. No celebró. Simplemente continuó trabajando con otros clientes, reforzando sistemas, cerrando nuevos acuerdos, expandiendo su firma.
Una mañana, un mensajero entregó una caja de terciopelo. Dentro estaba el anillo de compromiso. Sin nota. Sin mensaje. Solo el anillo.
Diana cerró la caja y la guardó en un cajón. No sintió amargura. Solo alivio.
Meses después, Diana asistió a una cumbre de gobernanza tecnológica en San Diego. Durante una pausa para el café, un ex ejecutivo de Ellis se acercó a ella. Parecía cansado, pero respetuoso.
"¿Sabes?", dijo, "nunca te vieron venir".
Diana sonrió levemente. "Ni siquiera se molestaron en mirar".
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