A media tarde, la investigación dio un giro al revisar las imágenes de las cámaras de seguridad del complejo residencial. A las 23:46, un hombre encapuchado...
Un hombre fue captado en cámara caminando hacia la casa de la familia. No se le veía el rostro, pero sí su complexión y la leve cojera de su pie derecho.
Lo más inquietante fue su partida: apenas cinco minutos después, el hombre abandonó apresuradamente la zona. Demasiado poco tiempo para manipular una caldera y bloquear un respiradero... pero suficiente para alguien que ya sabía exactamente qué hacer.
Esa noche, Morales regresó a la casa para revisar detalles menores.
Al entrar en la habitación de sus padres, notó algo que antes había pasado por alto: una pequeña marca en el pomo de la puerta, como si alguien lo hubiera sujetado con un guante áspero. No había señales de entrada forzada, pero sí evidencia de interferencia externa.
"Esto fue premeditado", murmuró.
Regresó a su vehículo, frustrado y preocupado por Sofía. La niña había demostrado una madurez inapropiada para su edad, pero seguía siendo una menor que, en menos de 24 horas, había visto su vida completamente destrozada.
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Quedaba por descubrir quién era el hombre del vídeo, cuál era su relación con las deudas del padre… y, sobre todo, si el intento de asesinato había sido una advertencia, una represalia… o simplemente el comienzo de algo peor.
Lo que la policía aún desconocía era que la verdadera clave del caso no estaba en las cámaras ni en la caldera manipulada, sino en un cuaderno infantil que Sofía guardaba debajo de su cama. Un cuaderno que contenía dibujos que, sin querer, eran prácticamente confesiones en forma de imágenes.
Al día siguiente, Sofía fue llevada al hogar de acogida temporal. Tenía su mochila, su peluche… y el cuaderno que nadie había revisado aún. Cuando una cuidadora lo abrió durante la noche, descubrió algo inquietante: dibujos a lápiz, aparentemente inocentes, pero que representaban situaciones que coincidían peligrosamente con las declaraciones de la niña.
En uno de ellos, varios hombres sin rostro estaban de pie frente a su casa. En otro, su padre discutía por teléfono mientras su madre lloraba en la cocina. Y en el último, el más inquietante, había un dibujo de su habitación, con ella despierta en la cama, y una figura negra bajando las escaleras hacia el sótano, donde estaba la caldera.
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