Encontré un anillo de diamantes en una lavadora que compré en una tienda de segunda mano. Al devolverlo, hubo 10 patrullas policiales frente a mi casa.

Saqué un anillo.

Anillo de oro. Un diamante. Anticuado, desgastado por haber reposado en un dedo durante años. Dentro, había letras diminutas grabadas, casi borradas.

"Para Claire, con amor. Siempre. — L"

"¿Siempre?", preguntó Milo. "¿Como para siempre?"

"Sí", dije en voz baja.

La palabra me impactó más de lo debido.

Imaginé a alguien ahorrando para ello. Proponiendo matrimonio. Usándolo a diario. Quitándoselo para lavar los platos. Volviéndoselo a poner. Una y otra vez.

Esto no era solo una joya. Era la historia completa de alguien.

Y no voy a mentir: mi mente se fue a un lugar desagradable.

Casa de empeños. Comestibles. Zapatos sin agujeros. Una factura de servicios públicos pagada a tiempo.

“Papá”, dijo Nora en voz baja. “Ese es el anillo para siempre de alguien, ¿verdad?”

Exhalé. “Sí. Creo que sí”.

“Entonces no podemos quedárnoslo”.

“No”, dije. “No podemos”.

Esa noche, llamé a la tienda de segunda mano.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.