Eran las 2 de la madrugada de nuestra noche de bodas cuando la exesposa de mi marido me envió un mensaje de texto: «Estoy embarazada…»

Llevaban más de dos años divorciados. Supuestamente no habían tenido contacto desde el acuerdo. Ethan y yo llevábamos dieciocho meses juntos.

Entonces, ¿cómo existía esto?

EL ANÁLISIS
Los peores escenarios pasaron por mi mente a la velocidad del rayo. ¿Una aventura secreta? ¿Una mentira oculta tras "viajes de negocios"? ¿Era yo la novia ingenua de la historia de alguien más?

Miré a Ethan. Dormido, tranquilo, familiar. El hombre con el que me había casado horas antes. La duda se apoderó de mí silenciosamente, como la niebla que se desliza sobre aguas tranquilas. Las lágrimas amenazaban mis pestañas.

No.

Me enderecé.

Tranquilízate, Victoria.

No me desmorono. Lo evalúo.

Llorar no resolvería nada. Despertarlo presa del pánico solo crearía caos: involucramiento familiar, rumores por la mañana y satisfacción para la mujer detrás de ese mensaje.

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