Mañana sería otro día. Otro día sin miedo, otro día construyendo la vida que siempre mereció, otro día siendo ella misma. Y eso era más que suficiente, porque al final la mejor venganza no es destruir a quien te lastimó, es reconstruirte también que esa persona se convierta en un recuerdo lejano, en una lección aprendida, en una historia que contar para que otras mujeres sepan que sí se puede, que el silencio no es fortaleza, que aguantar no es amor y que a veces el desayuno más importante de tu vida no es el que te dan, es el que tú sirves.
con toda la justicia que has estado guardando, con toda la fuerza que no sabías que tenías y con la certeza de que del otro lado del miedo está tu vida esperándote. Solo tienes que atreverte a tomarla. María lo hizo y nunca miró atrás.
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