Esa noche el olor a vainilla y pan caliente…

Un Sabor de Amargura

Introducción

Esa noche, el aroma a vainilla y pan caliente se mezcló con el sabor metálico de la traición para Natalia. Alguna vez creyó que el amor se podía amasar como la masa: larga, paciente y esforzadamente, hasta que se volviera suave y maleable. Lo invirtió todo en su familia: tiempo, salud, dinero, alma. Y estaba segura de que, al menos por esto, no sería humillada.

Pero a veces, las personas a las que proteges son las primeras en echarte.

Desarrollo

Natalia llevaba trabajando desde las cuatro de la mañana. En su panadería, la vida comenzaba antes del amanecer. Mientras la ciudad aún dormía, ella ya estaba junto a los enormes hornos, comprobando la temperatura, ajustando los moldes, aspirando el aroma a levadura y leche caliente. Estos olores eran su mundo: densos, pero auténticos. Alimentaban a decenas de familias y le daban la sensación de que su vida no había sido en vano.

Cuando vibró su teléfono, pensó que era Andrey. Quizás le escribía diciéndole que la extrañaba. O que Antonina Stepanovna por fin le había dicho algo amable. Natalya abrió el mensaje con una esperanza casi infantil.

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