Esa noche el olor a vainilla y pan caliente…

"No", dijo ella. "Hoy, por primera vez, lo arreglé".

Colgó.

Mientras tanto, el caos reinaba en el lujoso apartamento. Los invitados hacían sus maletas a toda prisa; algunos evitaban mirar a Antonina Stepanovna a los ojos. Los guardias de seguridad estaban en la puerta, negándose a moverse.

"Esto es vergonzoso...", siseó la suegra. "¡Esta mujer nos ha deshonrado a todos!".

Pero ya nadie la escuchaba.

Andrey estaba de pie en medio de la sala con un vaso vacío en la mano. Por primera vez en su vida, se dio cuenta de que se había quedado sin nada: sin dinero, sin hogar y sin la mujer que le había hecho la vida más cómoda.

Al día siguiente, Natalya solicitó el divorcio.

No dio más explicaciones.

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