Y eso fue suficiente. A veces lo más difícil no es que no te reconozcan.
Es que nunca te comprendan.
Esa noche, por fin dejé de esperar.
Y eso fue liberador.
No desaparecí de sus vidas.
Simplemente nunca miraron hacia donde yo estaba.
Ahora tenían que mirar.
Pero ya no lo necesitaba.
Volaba a un lugar donde las decisiones se toman en silencio y los errores son demasiado costosos.
Y donde un nombre se pronuncia no por orgullo,
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