Mi padre me miró por encima del hombro. Sus ojos me atravesaron, como miran a alguien que hace tiempo dejó de formar parte de su vida.
Ningún abrazo.
Ningún "¿qué tal estás?".
Ningún "nos alegra verte".
"¿Dónde estás sentada?", preguntó mi madre, sin esperar respuesta a su propia indiferencia.
"Mesa catorce".
Asintió.
"Ah... al final del pasillo. Ya veo".
"Ya veo", como una sentencia de muerte.
Pasé por delante de escritorios con carteles: "Dra. Patel", "Senadora Ames", "Directora Ejecutiva Lynn". Y allí estaba mi escritorio. Simplemente: "Anna Dorsey".
Sin títulos.
Sin reconocimientos.
Sin historia.
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