Como si fuera una nota al pie en letra pequeña.
Siempre he sido "la callada".
Así me llamaban.
Así me definían.
Convenía minimizarme.
"Nunca le gustó ser el centro de atención", oí decir a mi madre.
"¿Creo que se unió al ejército?", preguntó alguien.
"Algo así", respondió mi madre, tomando un sorbo de vino. "Casi no hablamos".
Esas palabras me dolieron más que cualquier reproche.
"Casi no hablamos".
Lo cierto era que nunca llamaban primero. Nunca preguntaban dónde estaba. Nunca querían saber qué hacía.
Les era más fácil pensar que estaba en algún lugar "allá afuera".
En algún lugar más allá de su orgullo.
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