escondía sus libros de medicina entre los ladrillos de la obra. La millonaria observaba en silencio, intrigada por aquel albañil que estudiaba en los descansos. Cuando descubrió que él era padre soltero, ella tomó una decisión que cambiaría dos vidas para siempre.
¿Qué estás haciendo con eso? Preguntó Sofía con voz firme pero curiosa, su vestido de seda color marfil contrastando violentamente con el polvo y cemento que la rodeaban. Rafael alzó la mirada sobresaltado, sus manos callosas congeladas en el acto de esconder algo entre los ladrillos. Por un instante, el tiempo pareció detenerse en aquella mansión a medio construir frente al mar de Valencia.
Yo estaba titubeó Rafael, sus ojos oscuros reflejando una mezcla de vergüenza y dignidad. Sofía Valverde, heredera del Imperio de Cosméticos Valverde, permaneció impasible, aunque su corazón latía con fuerza. Había decidido visitar inesperadamente la obra de su futura residencia y ahora se encontraba frente a uno de los albañiles en una situación comprometedora.
“¿Songas?”, preguntó ella directamente, recordando las sospechas que Augusto, su mayordomo, le había transmitido sobre algunos trabajadores. Rafael enderezó su postura a pesar del uniforme empolvado que llevaba. Sus ojos, ahora firmes y claros, se encontraron con los de ella. No, señora, son mis libros de medicina.
Sofía parpadeó, descolocada por la respuesta, se acercó con cautela y observó lo que el hombre protegía con tanto cuidado. Varios tomos cuidadosamente envueltos en plástico para protegerlos del polvo y la humedad. “Estudio medicina por las noches”, explicó Rafael sin rastro de disculpa en su voz.
“Aprovecho los descansos para repasar.” Medicina. La sorpresa hizo que Sofía olvidara momentáneamente su posición. “¿Trabajas en construcción durante el día y estudias medicina por la noche?”, Rafael asintió, guardando sus libros con la delicadeza de un cirujano, cada movimiento preciso y cuidadoso, a pesar de sus manos ásperas. “Es lo que puedo permitirme ahora mismo,”, respondió con sencillez.
Algo en aquella respuesta removió algo dentro de Sofía. Mientras todos los demás trabajadores aprovechaban su descanso para comer o charlar, este hombre se escondía para estudiar anatomía y fisiología. ¿Te gusta la medicina?, preguntó sintiendo una curiosidad que no experimentaba desde hacía tiempo. La expresión de Rafael se iluminó sutilmente. Es mi vocación.
Siempre lo ha sido. ¿Y por qué no dedicarte completamente a ello? ¿Por qué trabajar aquí? Una sonrisa leve y sin alegría cruzó el rostro de Rafael. La vida no siempre nos permite elegir un solo camino, señora Valverde. Sofía sintió una punzada de reconocimiento en aquellas palabras.
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