escondía sus libros de medicina entre los ladrillos de la obra. La millonaria observaba en silencio, intrigada por aquel albañil que estudiaba en los descansos.

El corazón de Rafael dio un vuelco, que Sofía lo mencionara públicamente era un gesto significativo, pero también peligroso. Ya podía imaginar los rumores que comenzarían a circular. Como confirmando sus temores, Francisco le dio un codazo amistoso. Parece que has causado una gran impresión en la jefa, ¿eh? Rafael intentó restar importancia al asunto, pero durante toda la jornada notó miradas curiosas y comentarios velados.

Sus compañeros, que siempre lo habían respetado por su ética de trabajo, ahora lo observaban con una mezcla de curiosidad y, en algunos casos, recelo. A media tarde recibió un mensaje de Sofía pidiéndole que pasara por su oficina después del trabajo. Cuando llegó, la encontró rodeada de papeles y con una expresión de entusiasmo que nunca le había visto.

Rafael, exclamó al verlo, las solicitudes ya están llegando. Es increíble la respuesta que hemos tenido en solo unas horas. Vi las noticias, comentó él cerrando la puerta trás de sí. No mencionaste que harías el anuncio ayer. Sofía percibió inmediatamente su tono. Fue una decisión de último momento. Mi equipo de relaciones públicas sugirió que era el momento perfecto para hacerlo.

Con el final del curso académico acercándose, Rafael asintió, comprendiendo la lógica empresarial, pero aún incómodo. Me mencionaste, por supuesto, respondió ella como si fuera lo más natural. Eres la inspiración detrás de todo esto, Sofía, dijo él sentándose frente a ella. Has pensado en lo que esto significa. Ya hay rumores en la obra.

Ella frunció el seño. Rumores sobre qué? Sobre nosotros, respondió Rafael directamente. Sobre por qué la poderosa Sofía Valverde tiene tanto interés en un simple albañil. No eres un simple albañil”, protestó ella, “y no me importa lo que digan los demás, pero debería importarte”, insistió él.

“Tu reputación, mi reputación está basada en mis logros empresariales, no en con quién decido asociarme.” Lo interrumpió Sofía. Si alguien tiene un problema con que trabaje estrechamente contigo en este proyecto, es su problema, no el mío. Rafael se pasó una mano por el cabello frustrado. No es tan simple y lo sabes, el mundo en el que vives es implacable con este tipo de situaciones.

¿Qué tipo de situación es exactamente, Rafael? Preguntó ella, su voz suavizándose. ¿Qué es lo que realmente te preocupa? El silencio se extendió entre ellos mientras Rafael luchaba con sus pensamientos. “Tengo miedo”, admitió finalmente, “mio, sea lo que sea, que está creciendo entre nosotros termine lastimándonos a todos, a ti, a mí, a Diego.

” Sofía se levantó y rodeó el escritorio para sentarse junto a él. También tengo miedo, confesó, pero por primera vez en mucho tiempo es un miedo que estoy dispuesta a enfrentar porque lo que podríamos ganar vale más que lo que podríamos perder. Tomó sus manos entre las suyas, el contraste entre la suavidad de sus dedos y la aspereza de las palmas de Rafael, simbolizando perfectamente los dos mundos que intentaban unir.

No te estoy pidiendo garantías, Rafael. Sé que hay obstáculos enormes, pero quiero intentarlo paso a paso, día a día. ¿Tú no? La sinceridad en sus ojos derritió las últimas reservas de Rafael. Sí, respondió simplemente. Sí, quiero. Aquella noche cenaron juntos en el apartamento de Rafael. Diego, ya recuperado, estaba encantado de tener a Sofía de visita nuevamente.

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