escondía sus libros de medicina entre los ladrillos de la obra. La millonaria observaba en silencio, intrigada por aquel albañil que estudiaba en los descansos.

“Solo estoy tomando un camino diferente hacia mi meta.” Francisco asintió pensativo. “¿Sabes? Cuando te advertí sobre las mujeres como ella, nunca pensé que serías tú quien la cambiaría a ella en lugar de lo contrario. Rafael frunció el ceño. No se trata de cambiar a nadie, Francisco. Se trata de construir algo nuevo juntos. Y mientras recogía sus herramientas por última vez, Rafael comprendió la verdad de sus propias palabras.

Lo que estaban haciendo entre Sofía y él no era una victoria de un mundo sobre otro, sino la creación de un espacio completamente nuevo donde ambos podían existir sin renunciar a quiénes eran. El camino no sería fácil, los obstáculos seguirían apareciendo, pero por primera vez en mucho tiempo, Rafael sentía que no tenía que enfrentarlo solo.

Y esa certeza, más que cualquier becaomoción, era el verdadero regalo que Sofía había traído a su vida. Los seis meses siguientes transcurrieron como un sueño para Rafael y Sofía. El programa de becas Construyendo Futuros, como finalmente decidieron llamarlo, se convirtió rápidamente en un ejemplo de responsabilidad social corporativa que otras empresas comenzaron a imitar.

Bajo la dirección de Rafael ya habían otorgado las primeras 50 beas a trabajadores de la construcción y sus familias en toda España. La mansión junto al mar estaba casi terminada, transformándose de un proyecto arquitectónico a un verdadero hogar. Sofía había involucrado a Diego en algunas decisiones, como el color de la que sería su habitación para las visitas. Un gesto que conmovió profundamente a Rafael.

¿Te gusta el azul marino o el azul cielo?, le había preguntado Sofía al pequeño mostrándole muestras de pintura. ¿Puedo tener estrellas en el techo? Había respondido Diego, siempre soñador. Por supuesto que sí. Estrellas que brillan en la oscuridad como un cielo nocturno”, prometió Sofía, imaginando ya las noches en que el niño se quedaría a dormir, en la que esperaba se convirtiera con el tiempo en su casa también.

La relación entre Sofía y Rafael había florecido en esos meses, nutrida por el respeto mutuo y la admiración que sentían el uno por el otro. Para Rafael cada día era un descubrimiento. Sofía no era la empresaria fría que aparentaba ser en público, sino una mujer apasionada, generosa y sorprendentemente sencilla en sus gustos personales.

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