"Me llamo Artyom", dijo finalmente. "Y sé de ti. Mamá me lo contó. Dijo: 'Tiene otra vida. Hay una mujer allí. Es buena. No la toques. No tiene la culpa de nada'".
Anna cerró los ojos. Las lágrimas comenzaron a fluir.
"Dale las gracias...", susurró.
Artyom la miró fijamente, y en esa mirada estaba lo que Anna más temía: la pregunta que ya no podría retractarse.
"Y tú... ¿lo amabas?"
Anna guardó silencio un largo rato. Entonces ella respondió con sinceridad:
"Sí. Lo hice. Y él me amaba". Pero... resulta que se puede amar y aun así ser cobarde.
Artyom asintió. No discutió. Había vivido con esta verdad más tiempo que ellos.
Y en ese momento, Anna comprendió: el secreto no había destruido por completo a su familia. Simplemente la había expandido; de forma extraña, dolorosa, pero real.
Etapa 5: Un recuerdo que no puedes compartir y una decisión que lo cambia todo
Estaban sentados en la cocina, tomando té. Anna miró las manos de Artyom, tan grandes como las de Iván. Y la línea de sus cejas, la misma línea obstinada.
Lena preguntó en voz baja:
"Y papá... ¿te ayudó?"
Artyom asintió:
"Sí. El dinero vino 'de un amigo'. Entonces lo entendí. Cuando crecí".
Sasha dijo con voz ronca:
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