"¿Y por qué no viniste con nosotros? ¿No nos lo dijiste?" Artyom la miró fijamente:
"¿Por qué? ¿Para que me odies?" ¿Qué crees que vine por la herencia? Vi llorar a mamá. No quería ser la causa del dolor de nadie. Solo quería vivir.
Anna sintió un profundo respeto por el hombre que no exigía, que no se derrumbaba, que simplemente aguantaba.
Sacó la bata y la foto que se había llevado.
"Estaba en la maleta", dijo.
Artyom tomó la bata, la miró y sus ojos brillaron.
"Mamá la guardó", susurró. "Pensé que todo estaba perdido..."
Anna le entregó la carta de Iván, la copia que habían conseguido hacer en casa.
"Pidió perdón", dijo. "Es demasiado tarde. Pero lo pidió".
Artyom leyó un buen rato. Luego puso la sábana sobre la mesa y dijo en voz baja:
"¿Sabes qué es lo más ofensivo? Estuvo ahí para nosotros toda la vida. Pero lo hizo para que nadie lo viera. Como si fuéramos su vergüenza".
Anna se estremeció.
"No", dijo con voz endurecida. "No era vergüenza. Era miedo. Y eso es peor. Porque el miedo consume a la gente y la lleva a hacer cosas malas 'por el bien'".
Sasha miró a su madre sorprendido: nunca le había oído palabras tan duras.
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