"¿Quién eres?"
Artyom sonrió y respondió con sinceridad:
"Soy... un pariente. Pero no uno que dé miedo".
Lera asintió con gravedad:
"Entonces pasa. Nuestro té está delicioso".
Anna observó esto y sintió otra sensación en el pecho, junto con el dolor: silenciosa, cálida.
A veces la verdad se quiebra. Y a veces se recompone.
Y la vieja maleta resultó no ser sobre traición, ni sobre dinero, ni sobre vergüenza.
Resultó ser sobre una oportunidad —tardía, pero viva— para que nadie volviera a ser encerrado.
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