Escondió una maleta durante toda su vida, y en ella había cartas, fotos y un secreto sobre un niño que tuvo antes que yo.

"¿Quién eres?"

Artyom sonrió y respondió con sinceridad:

"Soy... un pariente. Pero no uno que dé miedo".

Lera asintió con gravedad:

"Entonces pasa. Nuestro té está delicioso".

Anna observó esto y sintió otra sensación en el pecho, junto con el dolor: silenciosa, cálida.

A veces la verdad se quiebra. Y a veces se recompone.

Y la vieja maleta resultó no ser sobre traición, ni sobre dinero, ni sobre vergüenza.
Resultó ser sobre una oportunidad —tardía, pero viva— para que nadie volviera a ser encerrado.

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