Sasha miró la foto del niño.
"¿Es nuestro... hermano?", preguntó Lena.
"No", respondió Sasha. "Es el hijo de nuestra hermana. Así que... sobrino. Pero si papá lo llama 'nieto'... significa que es importante".
Anna asintió, y algo en su interior pareció decidir:
"Quiero ir". Lena levantó la vista:
"Mamá, ¿estás segura?"
Anna guardó silencio un largo rato. Luego dijo:
"Viví con tu padre casi cincuenta años. Sé lo que significa cumplir tu palabra". Pero ahora sus palabras ya no son una prohibición. Ahora son una petición. Y yo... quiero ser humana. Al menos al final.
Sasha asintió.
"Iremos juntas".
Y en ese momento, la historia dejó de ser sobre la maleta. Se convirtió en lo que queda después del amor: no solo la luz, sino también las sombras. Y a veces las sombras exigen que entres en ellas y saques a una persona viva.
Etapa 4: La dirección en la tarjeta y la puerta tras la que espera la sangre de otra persona
La casa de la dirección estaba en otra ciudad, en un antiguo barrio de edificios de cinco pisos, donde los pasillos olían a humedad y a gatos. Anna caminaba lentamente, apoyada en el brazo de Sasha. Lena llevaba una carpeta llena de documentos, como si no fuera una colección de papeles, sino el destino de alguien.
Había un cartel en la puerta: "Apto. 47". Anna se detuvo.
"Mamá, si te sientes mal, no te preocupes", dijo Lena en voz baja.
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