Cuando Nora nació hace cinco años, pensé que estábamos viviendo nuestro momento más feliz. Garrett lloró cuando la sostuvo por primera vez.
Le susurró a su pequeño rostro: “Papá va a cuidar de ti y de mamá para siempre.”
Le creí completamente, sin saber que rompería esa promesa unos años después.
Esos primeros años con nuestra pequeña fueron todo lo que siempre soñé.
Garrett volvía del trabajo y levantaba a Nora en brazos, girándola hasta que no podía parar de reír.
Teníamos noches de películas familiares los viernes, los tres en el sofá con palomitas y mantas.
“Tenemos tanta suerte”, le decía a menudo mientras mirábamos a Nora dormir en su cuna. “Mira lo que hemos construido juntos.”
Él apretaba mi mano y asentía. “Esto es exactamente lo que siempre quise.”
Ahora, a mis 35 años, mis días giraban alrededor del jardín de infancia, clases de ballet y cuentos antes de dormir. Amaba ser la mamá de Nora y la esposa de Garrett.
Ese ritmo seguro y cómodo me hacía pensar que lo habíamos logrado.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
