No por venganza.
Por la verdad.
No recuerdo cómo salí del lugar.
Recuerdo estar sentada en mi coche después, mirando mi reflejo en el parabrisas.
Durante años, me dije a mí misma que la aventura no había importado.
Que Elena era demasiado sensible.
Que en realidad no había destruido nada.
Pero verla allí de pie, tranquila, respetada, elegida, mientras yo me encogía en silencio…
Finalmente entendí.
No perdí a Elena porque no fuera suficiente.
La perdí porque no le fui fiel.
Y esa noche lloré, no porque se hubiera casado con otro hombre…
…sino porque se había recuperado sin mí, y mi traición se había convertido en lo que la liberó.
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