Ese día comenzó como cualquier otro: una mañana gris.

Esa noche, volví a salir a la calle, en silencio, con cautela, como si formara parte de esa misteriosa historia. Pasé por delante de la casa de la gitana, observando las ventanas. Nadie miraba hacia afuera, pero el suave susurro del viento me sobresaltó.

Capítulo 5. Encuentro Misterioso
Al tercer día, mientras caminaba por la misma calle, la niña me alcanzó de nuevo. Esta vez, estaba más seria que antes.

"¿Oíste lo que grabó la grabadora?", preguntó en voz baja. "Si ignoras las advertencias, será demasiado tarde".

Intenté hablar con calma:

"Escucha, no entiendo... ¿Por qué me cuentas esto?"

Ella simplemente asintió, con los ojos brillantes:

"No puedo contártelo todo ahora. Pero si quieres que todo salga bien, escucha con atención".

Señaló una pequeña calle a la vuelta de la esquina. Sentí una extraña tensión, como si la calle misma respirara ansiedad.

"Algo va a pasar ahí", dijo, "y solo tú puedes notarlo".

Me quedé paralizada, sin saber si reír o asustarme.

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