Ese día comenzó como cualquier otro: una mañana gris.

Capítulo 6. Explorando la calle
Al día siguiente, decidí explorar la extraña calle. Al principio, me pareció normal: casas viejas, ventanas vacías, grietas en el asfalto. Pero cuanto más caminaba, más inusual se volvía la atmósfera.

Oía crujidos a través de las grietas de las viejas puertas, y parecía como si alguien vigilara cada paso. El sol se reflejaba en los cristales rotos, creando extrañas sombras en las paredes.

Encendí mi grabadora por si acaso y caminé con cuidado. De repente, una silueta apareció en la distancia: una niña pequeña, la misma que me había advertido. Se quedó al borde del callejón y me miró fijamente.

"Mira con cuidado", dijo. "Vas a..."

Necesito entender qué está pasando aquí.

Di un paso adelante y en ese momento oí un sonido extraño: un suave tintineo, como de cristales rotos, pero no apareció nadie.

Capítulo 7. Desentrañando el Misterio
La chica se acercó y me entregó un pequeño fajo de papeles y dibujos. En las primeras páginas había símbolos misteriosos que nunca había visto, y en las demás, notas sobre personas, lugares y épocas.

"Estos son los diarios de mis antepasados", dijo. "Advirtieron a quienes recorren este camino".

Sentí un nudo en el corazón: todo lo que estaba sucediendo tenía una base lógica y mística a la vez. La grabadora, los susurros, las extrañas señales; no era solo casualidad; era un legado, una advertencia que me llegó a través de la hija de la gitana.

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