Ese día comenzó como cualquier otro: una mañana gris.

"Debo entender qué significa esto", dije.

"Entonces necesitas el diario", dijo la chica en voz baja. "Contiene todas las respuestas".

Me entregó un fajo de páginas amarillentas. Abrí el diario con cuidado y vi anotaciones detalladas:

días y meses en los que ocurrieron sucesos inusuales;

descripciones de personas extrañas y sus acciones;

mapas de la zona con marcas de pasadizos, patios y sótanos ocultos;

símbolos que parecían una clave.

Sentí un escalofrío. Cada anotación contenía nombres reales de personas, calles y casas que conocía, y algunos sucesos parecían describir acciones futuras que estaban a punto de ocurrir.

"Debes tener cuidado", dijo la chica. "Todo lo escrito aquí puede salvarte a ti y a otros".

Capítulo 10. Explorando las calles
Durante los días siguientes, comencé a revisar cada detalle del diario. Caminé por calles conocidas, me asomé a los patios y busqué señales ocultas: pequeñas marcas en muros, ramas, vallas rotas que parecían aleatorias, pero que coincidían con los mapas del diario.

Pronto me di cuenta de que la ciudad ocultaba muchos secretos que podían ser peligrosos para quienes no supieran leerlos. La chica me seguía a distancia, a veces haciendo señas con las manos, a veces susurrando advertencias en voz baja.

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