Ese día llegó del trabajo más temprano de lo normal… y al abrir la puerta entendió que llevaba mucho tiempo llegando tarde.

No entré de inmediato.
Me quedé escuchando.

Mi madre no gritó.
No lloró en voz alta.

Solo dijo, casi en un susurro:

—Perdón… ahorita lo limpio mejor.

Ahí entendí todo.

En ese momento entendí algo que jamás voy a olvidar…

y supe que, después de abrir esa puerta, nada volvería a ser igual.

 Parte 2 …

Entré a la cocina.

Verónica se volteó y palideció.

—Amor… ¿ya llegaste?

Mi madre se asustó. Quiso hablar, quiso explicarse. Levanté la mano. No hacía falta.

Esa noche, Verónica cocinó como siempre.
Yo no probé la comida.

Preparé algo sencillo y llevé el plato primero a mi madre.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.