Cocinaba.
Limpiaba.
No por amor…
sino porque ya no tenía a quién pisotear.
Yo observaba en silencio.
Mi madre volvió a sonreír poco a poco.
No porque Verónica hubiera cambiado…
sino porque sabía que ya no estaba sola.
Ese día entendí algo que nunca olvidaré:
quien maltrata al débil creyendo que nadie lo ve,
tarde o temprano se enfrenta a la verdad.
Y cuando la máscara cae…
ya no queda nada que salvar.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
