Esposa embarazada muere en el parto. Sus suegros y su amante celebran hasta que el médico susurra…

Me declararon muerta mientras daba a luz.
La amante de mi esposo se puso mi vestido de novia para celebrar.
Mi suegra intentó quedarse con mi recién nacida y vender a mi segunda hija.
Pero yo no estaba muerta.
Estaba en coma.
Y escuché cada palabra.
Me llamo Lucía Hernández y esta es la historia de cómo intentaron enterrarme viva… y de cómo volví para destruirlos a todos.
Todo empezó en la sala de parto de un hospital en Ciudad de México, después de 16 horas de contracciones que parecían partirme en dos. Sudaba, temblaba, mordía la almohada. Sentía que mi cuerpo se rompía por dentro.
—Tranquila, Lucía, vas muy bien —decía la doctora Rivas—. Es tu primer bebé, a veces tarda.
Giré la cabeza buscando la mano de mi esposo, Andrés Molina. Estaba en la esquina del cuarto, pegado al celular. Ni siquiera me miraba. Mientras yo gritaba de dolor, él tecleaba mensajes.
Yo quería pensar que estaba avisando a la familia. Hoy sé que no.
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