Esposa embarazada muere en el parto. Sus suegros y su amante celebran hasta que el médico susurra….

—Bebés… —sonó ronca, rota—. Mis… dos… bebés.

El doctor Martínez se quedó pálido.

—Lucía, ¿me escuchas? Si me entiendes, parpadea dos veces.

Lo hice.

—¿Sabes que tuviste gemelas? —preguntó, con cuidado.

Lo miré fijo y, aunque apenas podía hablar, escupí la verdad:

—Escuché… todo… Treinta días… escuchando.

Le conté, con voz cortada y pausas, cada frase de Teresa, cada plan de Andrés, cada susurro de Karla. Lo de mis papás, lo del vestido de novia, la fiesta de bienvenida, la adopción vendida.

El rostro del médico se volvió de piedra.

—Voy a llamar a trabajo social, a la dirección del hospital… y a sus padres —dijo—. Esta vez, de verdad.

Tres horas después, mis papás entraron a la habitación. Mi mamá casi se desmayó al verme sentada, con la cabeza sostenida por almohadas. Mi papá la sostuvo. Los dos lloraban.

—Nos dijeron que estabas muerta… —sollozó él—. Que te habían cremado…

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