Esposa embarazada muere en el parto. Sus suegros y su amante celebran hasta que el médico susurra….

El vaso de café se le cayó de la mano a Andrés. Karla soltó un grito ahogado. Teresa se agarró del marco de la puerta.

—Hola —dije, con una sonrisa helada—. ¿Se les adelantó el muerto?

El color se le fue del rostro a mi suegra.

—Esto es imposible… —murmuró.

—Lo imposible —respondí— es todo lo que hicieron mientras “yo estaba muerta”. Pero resulta que las comas tienen truco: a veces escuchamos. Y yo escuché todo.

Karla intentó retroceder, pero dos policías aparecieron detrás de ellos.

—Nadie sale de aquí —ordenó uno.

—¿Les contaste lo de mis hijas? —seguí yo—. ¿O solo lo de la que pensaban vender por cien mil dólares?

Andrés se desplomó en una silla.

—Lucía, yo… yo no…

—No te atrevas a hablarme —lo corté—. Ni a mí ni a mis hijas.

La trabajadora social entró con una carpeta repleta de documentos.

—Tenemos grabaciones del hospital, cámaras de seguridad de la casa, registros de llamadas con mentiras a los abuelos, movimientos de cuentas… —enumeró, mirando a Teresa—. Y la autoridad de menores ya aseguró a las dos niñas. Están con los abuelos maternos. A salvo.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.