Estaba volando hacia el funeral de mi hijo cuando escuché la voz del piloto: me di cuenta de que lo había conocido hacía 40 años.

—Hola —dijo.

—Soy mi maestra, Margaret —dijo Eli—. ¿Recuerdas las historias?

Noah sonrió.

—Papá me habló de ti. Dijo que lo ayudaste a creer en sí mismo cuando nadie más lo hacía.

Antes de que pudiera responder, Noah se acercó y me abrazó. No fue un abrazo tímido. Fue el tipo de abrazo que te da un niño cuando decide que eres importante para él.

"Papá dice que tú eres la razón por la que tenemos alas, maestra Margaret", dijo Noah.

Instintivamente, lo abracé. Era cálido, sólido y real. Ese pequeño cuerpo apretado contra el mío llenaba un espacio que ni siquiera sabía que seguía vacío.

"¿Te gustan los aviones, Noah?"

"Algún día voy a volar uno. —Igual que mi papá —dijo con orgullo.

Eli nos observaba desde el otro lado de la habitación, con una expresión dulce y un poco melancólica.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.