Explicó cómo tus seres queridos fallecidos permanecen cerca de ti.

El amor no depende del cuerpo. Pertenece al alma.

Por eso nuestros seres queridos pueden percibir cuando los recordamos con cariño, cuando pronunciamos su nombre en una oración o cuando atravesamos un momento difícil. No es que nos observen como si miraran una pantalla, sino que sienten nuestro estado interior, nuestra tristeza, nuestra esperanza y nuestras súplicas.

Las almas no están lejos; están unidas espiritualmente a nosotros.

El Padre Pío habló de una realidad invisible pero poderosa: una unión espiritual entre quienes viven en la Tierra, quienes se purifican después de la muerte y quienes ya están en la presencia de Dios. Esta unión se llama la comunión de los santos.

Aunque no podamos verlo, existe un puente espiritual que conecta los corazones. A través de ese puente fluyen oraciones, amor, perdón e intercesión.

Las almas en proceso de purificación conservan un profundo amor por sus familias. Recuerdan cada gesto de afecto, cada palabra, cada abrazo. Y desde ese estado, comprenden muchas cosas que quizás no pudieron ver con claridad en vida.

No sufren como nosotros, pero sienten una amorosa añoranza por quienes dejaron atrás.

Pueden percibir lo que sucede en sus hogares.

El Padre Pío afirmó que las almas pueden percibir espiritualmente lo que sucede en sus familias. Cuando un niño llora, cuando una madre reza, cuando alguien atraviesa una prueba, ese movimiento interior las alcanza como una luz.

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