Finalmente compré la casa de nuestros sueños, y el primer día mi esposo me dijo: "¡Mi mamá, mi hermana y los niños se mudan, no tienes ni idea!". Fue a buscarlos. Y esa noche, se quedaron paralizados al ver lo que vieron dentro...

Al principio, era fácil pasarlas por alto.

Maquillaje.

Joyas.

Un suéter.

Mi bufanda favorita.

Busqué por toda la casa torpemente, avergonzada, convenciéndome de que las había perdido.

Hasta que una tarde, Kelly me entregó una bolsita con cordón.

"Toma", dijo con ligereza, como si me pidiera que le llevara algo.

La abrí.

Se me encogió el estómago.

Dentro estaban los gemelos de mi difunto padre. Un anillo. Encendedores antiguos: objetos heredados, artículos familiares irremplazables.

"¿Qué esperas que haga con esto?", pregunté.

Kelly se encogió de hombros. "Averígualo. Véndelos. Y consigue un buen precio".

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