Finalmente compré la casa de nuestros sueños, y el primer día mi esposo me dijo: "¡Mi mamá, mi hermana y los niños se mudan, no tienes ni idea!". Fue a buscarlos. Y esa noche, se quedaron paralizados al ver lo que vieron dentro...

Eso no era tradición.

Eso no era disciplina.

Eso era algo podrido.

Y de repente, todo se aclaró.

No me veían como una persona.

Era una empleada.

Una cocinera. Una criada. Una fuente de ingresos.

Un colchón que le permitía a Larry vivir como quisiera sin consecuencias.

Ahí fue cuando empezó el plan.

Nada de venganza.

Nada de espectáculo.

Escapar.

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