Eso no era tradición.
Eso no era disciplina.
Eso era algo podrido.
Y de repente, todo se aclaró.
No me veían como una persona.
Era una empleada.
Una cocinera. Una criada. Una fuente de ingresos.
Un colchón que le permitía a Larry vivir como quisiera sin consecuencias.
Ahí fue cuando empezó el plan.
Nada de venganza.
Nada de espectáculo.
Escapar.
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