Fui chofer de CANTINFLAS y esa NOCHE descubrí algo que NO podía CREER…

Todo iba a cambiar. Yo suspiré y cambió. Pero para ti, asintió con los ojos llenos de lágrimas. El mismo día que ya no llegué a la oficina empezaron las llamadas. A mi casa, a mi mamá, avecinas, dígale que vuelva, que si entrega lo que tiene, no pasa nada. Pero yo sabía que sí iba a pasar. Mario habló entonces con esa voz que se le ponía cuando dejaba de ser cómico y era solo un hombre de barrio. Cuando gente así te dice, “No pasa nada, es justo cuando más pasa.” Yo seguía dándole vueltas a algo.

“¿Y dónde están esos papeles?”, pregunté. “¿Los traemos ahorita?” Ella bajó la mirada a su bolsa. Yo la vi por el espejo. Estaba abultada, pero no se veía pesada. Mario se adelantó. No todos, pero trae algo que es suficiente p que la quieran callar. En un semáforo, uno de esos que se ponen en rojo aunque no venga nadie. Mario me dijo, “Párate tantito. Paré. A lo lejos venían los coches, pero no tan cerca aún. Mario se volteó hacia la muchacha.

Enséñale nada más para que entienda”, le dijo. Ella abrió la bolsa de espacio como si adentro hubiera víboras. sacó un sobre manila doblado a la mitad viejo con esquinas maltratadas. Lo abrió un poco y me lo acercó. “No más ve arriba”, dijo. Yo extendí la mano con miedo de tocarlo. Le eché una ojeada rápida. Lo primero que vi fue un encabezado, algo de reunión estratégica y una fecha. Luego, más abajo, una lista de nombres. Algunos me sonaban empresarios, un diputado, un jefe de policía.

Junto a cada nombre, notitas a mano. Aliado, paga, se dobla fácil, problema, pendiente. No quise leer más, me ardió el estómago. Ya dije, devolviéndoselo rápido. Con eso tengo. Ella guardó el sobre como si fuera su corazón. Mario me miraba fijo. ¿Ves ahora por qué la quieren de regreso? me dijo, “No es porque sea importante, es porque ya vio demasiado.” Volvió a ordenarme. Arráncate, que ya se nos están acercando. El semáforo se puso en verde y yo aceleré.

Sentía el volante raro, como si estuviera manejando con guantes mojados. “Entonces, Mario, me animé. Todo esto de las maletas, las vueltas raras es por esto.” Se quedó pensando unos segundos. No todo admitió, pero muchos sí. Hay gente a la que les consigo salida, documentos, dinero para irse. No lo hago solo. Hay más personas metidas en esto, pero no pueden dar la cara. Yo tampoco, pero a veces mi nombre ayuda a abrir puertas. Y si van a usar mi nombre, que sea pa, algo que valga la pena.

La muchacha lo vio con sorpresa, como si no hubiera entendido hasta ahora. quién la estaba ayudando. Cuando llamé al número que me dieron dijo ella, yo no sabía que usted venía. Solo dijeron, va a ir un hombre que no parece peligroso, pero lo es para ellos. Y era usted, Mario sonrió apenas. Para ellos sí, dijo, porque yo sé cosas y no les juego del todo su juego. En ese momento, el coche del sombrero gris se nos pegó un poco más.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.