Hace tres años, abandonó a su esposa posparto por ser "gorda y fea". Esta noche, en una gala, entró sonriendo con su nueva esposa, hasta que todo el salón se puso de pie para saludar a una despampanante "directora ejecutiva" que llegaba junto a un multimillonario. La miró con más atención... y se quedó helado: era ella.

Hace tres años, abandonó a su esposa posparto por ser "gorda y fea". Esa noche, en una gala, entró sonriendo con su nueva esposa, hasta que todo el salón se puso de pie para saludar a una despampanante "directora ejecutiva" que llegaba junto a un multimillonario. La miró con más atención... y se quedó helado: era ella.

Parte 1 — La mujer que no pudo identificar
Tres años antes, Ethan Cole abandonó a su esposa como los hombres descuidados dejan caer las cosas que ya no usan. Después de dar a luz, Natalie estaba agotada, hinchada por las noches de insomnio y buscando la supervivencia. Ethan la llamó "arruinada", dijo que se había "dejado llevar" y la dejó con un bebé en brazos y un silencio que nunca dejaba de resonar.

Ahora, en una deslumbrante gala benéfica en Manhattan, Ethan estaba junto a su nueva novia, Kayla, con un esmoquin que parecía pertenecer a cada lámpara de araña de la sala.

Entonces, la multitud cambió de actitud.

Una mujer bajó la gran escalera con un elegante vestido negro, tranquila como un titular. Su postura era pura confianza: nada apresurado, nada de disculpas. Las cámaras la enfocaban. La gente susurraba su nombre como si fuera moneda de cambio.

Kayla se inclinó hacia ella con los ojos muy abiertos. "Ese es Alexander Hart", susurró. "El multimillonario. ¿Por qué está con ella?"

Alexander —alto, sereno, inconfundiblemente poderoso— le ofreció el brazo a la mujer con la mayor naturalidad.

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