Hubo un silencio corto.
—Entendido, señora.
A la mañana siguiente me escribió Victoria.
Guadalupe, sé que estás enojada, pero esto ya se salió de control. Daniel está pensando en pedir una valoración de tu capacidad mental. Tu comportamiento no es normal. Regresa antes de que sea peor.
Reenvié el mensaje de inmediato a Benjamín.
Su respuesta llegó en menos de un minuto.
Perfecto. Ya empezaron a cavar su propia tumba.
Esa misma tarde me contó lo que había descubierto: Daniel y Victoria estaban endeudados hasta el cuello. Tarjetas reventadas. Préstamos personales. Pagos atrasados. Apariencias caras sostenidas con alfileres. Y había algo más: Victoria llevaba meses diciendo entre sus amigas que yo “ya no estaba del todo bien”, que repetía cosas, que tenía olvidos, que era difícil. Estaba sembrando el relato que necesitaba para justificar el asilo.
—Necesitamos un escenario —dijo Benjamín—. Algo donde ellos crean que tienen control, y donde en realidad lo pierdan.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
