Afuera, el aire se sentía nítido y limpio. Me palpitaba la muñeca, pero el dolor estaba disminuyendo. Lila me acompañó hasta mi coche.
"Mañana", dijo, "pondremos límites en el juzgado".
La semana siguiente pasó rápido. Lila solicitó una orden de protección temporal y una audiencia acelerada. Notificó formalmente al bufete de Brian sobre la coerción. El fideicomisario corporativo congeló cualquier cambio en el fideicomiso pendiente de revisión judicial.
En la audiencia, mamá llegó con una chaqueta azul marino y una sonrisa tensa. Ray se sentó a su lado, con la mandíbula apretada. Brian estaba detrás de ellos, más callado ahora.
Lila presentó el texto de invitación, la tarea preparada, la lista de asistentes y mi relato de las amenazas y el agarre de Ray. El juez hizo preguntas directas: Si se trataba de una conversación familiar, ¿por qué estaban presentes varios profesionales del derecho? ¿Por qué el documento estaba redactado previamente? ¿Por qué insistían en la firma inmediata?
Mamá intentó llorar. El juez permaneció impasible. Emitió una orden temporal que limitaba el contacto a la comunicación escrita a través de un abogado y advirtió claramente a Ray contra cualquier otra interferencia física.
En el pasillo, Brian le dijo a Lila que se retiraban.
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