Y mientras nos alejábamos, comprendí que esto no se trataba solo de una noche.
Se trataba de la verdad abriéndose paso entre la ilusión.
De una hija que se negaba a desaparecer.
De una madre que recordaba quién era.
Y de un mundo que aún lucha entre la comodidad y la justicia.
Porque el silencio siempre ha protegido a los culpables.
Y esa mañana, recordé algo que jamás olvidaré.
Nunca estuve destinada a guardar silencio.
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