LA ABUELA REPUDIÓ A SU NIETO POR SER “HIJO FUERA DEL MATRIMONIO”, SIN IMAGINAR QUE ÉL TRIUNFARÍA SIN SU AYUDA

Isabela se quedó paralizada. Pero en los ojos de Ricardo volvió a encenderse la esperanza.

—¿De verdad puedo ir, tía?
—Sí —respondió Adriana—. Tu abuela es dura… pero tal vez su corazón cambie.

Esa noche, mientras Ricardo acomodaba su vieja camisa, susurró para sí mismo:

—Ojalá me acepten, aunque sea una sola vez.

No sabía que la puerta que tanto deseaba ver abierta sería la primera en cerrarse frente a él.

A la mañana siguiente se levantó temprano, limpió sus zapatos gastados y arregló su ropa. Al llegar a la Hacienda Márquez, fue detenido por el guardia, Don Antonio.

—¿Eres hijo del señor Miguel Márquez?
—Sí, señor —respondió Ricardo con esperanza.

Tras una llamada al interior, la voz fría de Doña Matilde se escuchó por el radio:

—Dile que no tengo ningún nieto nacido de una empleada. No lo dejes entrar.

El mundo de Ricardo se detuvo. Escuchó los murmullos de los invitados, las risas, el desprecio. En silencio, asintió a Don Antonio y se marchó. Afuera del portón vio a la tía Adriana acercarse, pero ya no volteó.

—Es demasiado tarde, tía —susurró.

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