La casa que había que defender

Marina abrió la puerta con la cadena. "Te lo dije: no vas a traer a nadie al apartamento".

Oleg se encogió de hombros, irritado:
"No le des tanta importancia. Esta es nuestra propiedad compartida. Tengo derecho a enseñársela a compradores y especialistas".

"¿Especialistas?" Marina miró al agente inmobiliario. "¿Sabes que el otro propietario se opone a las visitas y a las ventas?"

El agente inmobiliario se quedó perplejo:
"Bueno... este tipo de problemas suelen resolverse..."

"En los tribunales", la animó Marina con calma. "Y por ahora, adiós".

Oleg se acercó a la puerta, intentando imponer su voz:
"Marina, no me rechaces. De todas formas conseguiré lo que quiero. Te quedarás en tu apartamento de una habitación a las afueras, como dijo mamá. Ya has tenido suficiente".

La mención de Tamara Pavlovna fue como un escupitajo. Marina sintió un escalofrío, pero no de debilidad, sino de una ira que finalmente se había purificado.

"Dile a tu mamá: No iré sola al juzgado. Y hablaré alto y claro." Ahora, vete.

Oleg rió entre dientes:

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.