Svetlana tragó saliva:
"Oleg dijo... que querías el divorcio de todas formas. Que no necesitabas el apartamento, que... no habíais sido dos desconocidos durante mucho tiempo".
Marina sonrió sin malicia:
"Dice muchas cosas para quedar bien con quienes lo rodean".
Svetlana se sonrojó.
"Me dijeron que querías dejarlo en la calle". Marina se miró el estómago y luego los ojos:
"No quiero que me echen de casa por la hipoteca de otro. Son dos cosas distintas".
Svetlana apartó la mirada.
"Él... dijo que el tribunal sigue dándole la razón. Esa mitad es legal".
Marina asintió:
"Que el tribunal decida. Y tú... cuídate. Todavía tienes un hijo que criar. Y sería mejor tener a alguien a tu lado que no te traicione 'cuando te aburras'".
Esta frase pareció dar en el clavo. Svetlana se alejó en silencio. Oleg se acercó a Marina y le susurró:
"¡Ni se te ocurra hablar con ella!".
Marina respondió con calma:
"Yo hablo con la gente. Y tú hablas para tu propio beneficio".
Etapa 5. La primera audiencia y el intento de convertirla en nadie.
El juicio era dentro de un mes, tal como había dicho Irina Viktorovna. Marina llegó con un vestido estricto y sencillo, el pelo bien peinado y la espalda recta. No para el juez, sino para ella misma.
Oleg llegó con su abogado y Tamara Pavlovna. Su suegra se sentó como si ya hubiera ganado.
"Señoría", comenzó el abogado de Oleg, "el apartamento es una propiedad conjunta. La demandante solicita que se divida a partes iguales, ya que la demandada no puede probar lo contrario. Además, el apartamento es demasiado grande para que viva una mujer sola".
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