Marina hizo una mueca. "Demasiado grande". Como si una casa se midiera por la cantidad de personas que podrían desplazarla convenientemente.
Irina Viktorovna se levantó.
"Señoría, presentamos una solicitud de medidas cautelares: la prohibición de las acciones de registro. También presentamos pruebas de la donación de fondos por parte de los padres de la demandada. También solicitamos que se obtengan documentos de archivo del banco y de Rosreestr".
Oleg sonrió con suficiencia.
"¿Qué otras pruebas? ¡Se ha inventado cuentos de hadas!"
Tamara Pavlovna susurró a un lado. "Ingrato..."
Marina no respondió. Simplemente sacó el mismo sobre y se lo entregó al abogado. Irina Viktorovna desdobló cuidadosamente los papeles y le mostró el recibo al juez.
Oleg palideció.
"Era... era solo... bueno... una formalidad..."
"La formalidad es un vínculo, Oleg", dijo Marina en voz baja, sin poder contenerse. "Y una firma es responsabilidad".
El juez examinó atentamente los papeles y dijo secamente: "Se aceptan los documentos. Se revisarán las mociones. Partes, mantenemos el orden".
El rostro de Tamara Pavlovna estaba paralizado por la ira. El de Oleg estaba confundido. Por primera vez, se dio cuenta: Marina no había venido a llorar. Marina había venido a ponerse de pie.
Etapa 6. Un intento de "acelerar la venta" y el golpe que no caló.
Una semana después, Irina Viktorovna llamó a Marina.
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