Alejandro miró por la ventana.
"Yo también tenía miedo".
"Tener miedo no te hace culpable", dijo su padre.
En casa, la puerta del armario que habían empezado a arreglar esa mañana seguía ligeramente torcida. El destornillador estaba en el suelo.
Miguel lo recogió.
"Terminemos lo que empezamos".
Alejandro sonrió levemente.
Mientras su padre ajustaba la bisagra con mano firme, el niño observaba atentamente. Algo en su interior había cambiado; no solo alivio, sino comprensión.
"Papá..."
"¿Sí?"
"Hoy aprendí que decir la verdad no siempre es suficiente. A veces hay que
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