Emma no esperó una respuesta. Sonrió levemente, soltó con suavidad su brazo del agarre de Lucas y avanzó sola hacia el interior del salón. No hacia las mesas del rincón, sino directamente al centro, donde estaban las tarjetas con los nombres y la luz del escenario se reflejaba en las copas de cristal.
Lucas se quedó quieto un instante, molesto. Negó con la cabeza, se acomodó el saco y se dirigió hacia un grupo de hombres con trajes caros, ya absortos en conversaciones sobre contratos e inversiones. De vez en cuando lanzaba una mirada rápida hacia Emma, solo para asegurarse de que “estaba sentada donde debía”.
El salón se fue llenando poco a poco. La música se apagó y un hombre subió al escenario. Comenzó un discurso sobre la responsabilidad social, sobre personas que no aparecen en los titulares pero que aun así cambian vidas. Lucas escuchaba a medias, más pendiente de quién entraba todavía al salón.
— Esta noche —dijo el presentador— tenemos el honor de entregar una distinción especial por una contribución excepcional en el ámbito humanitario.
Lucas dio un sorbo a su copa, completamente distraído.
— A una persona que desde hace más de siete años dirige una de las mayores fundaciones benéficas del país. Que ha abierto centros para niños, ha salvado hospitales del cierre y ha cambiado destinos sin buscar reconocimiento.
Lucas sintió un leve y vago aburrimiento. Había escuchado discursos similares muchas veces.
— Por favor, reciban con un fuerte aplauso a… Emma Carter.
La copa se le resbaló de la mano. El sonido del cristal roto se perdió entre los aplausos. Lucas se quedó inmóvil, observando cómo Emma se levantaba de la primera fila: serena, segura de sí misma. La luz del escenario envolvió su figura y la pulsera con el sol brilló discretamente.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
