— Porque nunca me lo preguntaste, Lucas.
La continuación de la historia
El silencio entre ellos era más pesado que cualquier reproche. A su alrededor, la vida seguía: risas, conversaciones, el tintinear de las copas.
— ¿Podemos hablar en casa? —preguntó él en voz más baja.
Emma tomó su abrigo y lo apoyó en el brazo.
— Podemos. Pero no sé si todo volverá a ser como antes.
Salieron del salón juntos, pero no uno al lado del otro. Por primera vez en quince años, Lucas comprendió lo poco que la había conocido. Y por primera vez, Emma dejó de intentar ser invisible.
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