La continuación de la historia

Subí sola. Al cerrar la puerta detrás de mí sentí una calma extraña. El piso olía a limpio, a rutina, a algo propio. Me senté en el sofá y respiré hondo.

Una hora después sonó el timbre.

Abrí. Javier estaba allí, con una bolsa de viaje.

— Mi madre dijo que si volvía sin ti, no hacía falta que regresara — explicó.

— ¿Y qué decidiste? — pregunté.

Me sostuvo la mirada.

— Decidí que no quiero vivir pidiendo que aguantes. Quiero aprender a poner límites.

No respondí de inmediato.

— Hoy, cuando te quitó el plato, sentí vergüenza. No por ti. Por mí.

Me aparté de la puerta.

— Entra.

Entró despacio, como si cruzara una línea invisible.

— Aquí no se gana el derecho a cenar — dije con tranquilidad. — Aquí nadie tiene que demostrar que vale más que otro.

Se sentó frente a mí en el salón.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.