La conversación no fue sobre hummus y un bolso: llegamos a lo principal: fronteras, dinero y acceso a mis cuentas.

Sonreí.

"¿Sabes cómo preparar una tetera? ¿O mamá te enseñará a preparar chi correctamente?"

Se sonrojó, pero siguió su camino.

Etapa 2 — "Olvidémoslo todo" y mis nuevas reglas: Cuando una persona escucha la palabra "límites" por primera vez sin sonreír
Todo en la cocina estaba en su lugar. En mi lugar. Igor abrió el refrigerador y, como si fuera un desatino, empezó a buscar algo que criticar: dónde estaba la carne, dónde estaba la "comida normal". Al parecer, su suegra había dejado allí su escáner interno.

"Olya...", empezó con cautela. "Entiendo que tú y mamá... no se lleven bien. Pero somos una familia".

"Familia es cuando somos dos", dije. "Y desde hace mucho tiempo, somos tres: tú, tu mamá y su opinión. Y yo estoy en un lugar aparte, haciendo de cartera y de mala ama de casa".

Igor hizo una mueca.

"Exageras".

"Genial", asentí. —Entonces, simplifiquemos las cosas. Solo los hechos. Mamá llegó a casa cuando no estabas. Revisó mi refrigerador. Estaba hablando de mis gastos. Y luego los dos se sentaron con mis extractos bancarios. ¿Pasó eso?

Tragó saliva.

—Sí...

—El segundo hecho —continué—. Nunca le dijiste directamente: «Es dinero de Olya. Ella decide». ¿Pasó eso?

Igor apartó la mirada.

—Yo... no quería pelear...

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