"¡¿Nosotros?!" Entrecerró los ojos. "¿Con quién es 'nosotros'? No he hablado de nada contigo. Lo he hablado con mi hijo. Porque la familia es mi hijo. Y tú... eres temporal".
Igor se estremeció, pero permaneció en silencio.
Lo miré una vez, brevemente. Esta era su oportunidad. Su única oportunidad de no acabar convertido en un mueble.
De repente, dio un paso al frente.
"Mamá, basta", dijo. Su voz temblaba, pero sonaba más firme de lo habitual. "Olya no es 'temporal'. Es mi esposa. Y no hablarás así".
Valentina Semiónovna se quedó paralizada por un segundo.
"Tú..." Sonrió como sonríe la gente cuando intenta recuperar el control a través de la vergüenza. "Igor, ¿qué pasa? ¿Te ha dado la lata?" Ella grita, tú huyes, ¿y ahora te da órdenes?
Vi a Igor apretar los puños.
"No, mamá", dijo. "Por fin lo entiendo. Estás jugando con su dinero. Estás jugando con su casa. Estás jugando con nuestra relación. Y se acabó."
Valentina Semiónovna palideció.
"Entonces... ¿la elegiste?" Su voz se alzó. "¿Y yo? ¿Qué? ¿Soy una desconocida?"
Igor exhaló.
"Eres mi mamá. Pero aquí no mandas. Ni la contable. Ni la jueza."
Mi suegra se giró hacia mí.
¡Mira lo que haces! ¡Estás destruyendo a la familia! ¡Estás dejando a mi hijo sin futuro!
Respondí con calma.
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