“La corrió de su propia casa llamándola ‘inútil’… pero tres días después terminó rogándole entre deudas, fraudes y amenazas.”

Rodrigo me siguió hasta la puerta.

—¿Podemos hablar? Como dos personas que alguna vez se amaron…

Me detuve un segundo.

—Podemos hablar —dije—. Pero ya no aquí. Y ya no como antes. Cualquier asunto legal será entre abogados. Si quieres una conversación humana… empieza por ser honesto.

No contestó.

Salí.
Respiré.
Por primera vez en mucho tiempo, la vida se sentía mía.

PARTE 2 

La semana siguiente avanzó más rápido de lo esperado. Mi abogada, María Fernanda Ruiz, era directa, firme y muy eficiente. Congelamos cuentas, aseguramos bienes, detuvimos la transferencia ilegal. Por fin sentí que estaba construyendo algo para mí.

Rodrigo intentó contactarme todos los días: llamadas, correos, cartas. Nada cambiaba los hechos.

Hasta que un jueves, mi abogada llamó:

—Lorena, los abogados de Rodrigo quieren una reunión urgente. Parece que hay más problemas.

Más.
Perfecto.

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