Al mediodía, Verónica llegó con maquilladores, ensayando risas y órdenes cortantes. "Quiero a la niña de las flores lista ya". En la habitación de Lívia, la niña rechazó el impactante vestido rosa. Verónica entró sin llamar y dijo fríamente: "Obedecerás. Después de casarme, algunos se irán". Su mirada se posó en Camila como una sentencia.
Lívia huyó, y Camila la encontró en el jardín, temblando de ira y miedo. En lugar de llorar, la niña respiró hondo y dijo: «Tengo un plan». Camila intentó convencerla de que no hiciera ninguna tontería, pero su corazón ya le advertía que algo estaba a punto de estallar.
A las tres de la tarde, un grito resonó por el pasillo. Verónica estaba encerrada en la suite, golpeando la puerta. No había llave. Henrique apareció con su esmoquin, confundido, y el equipo entró en pánico. Fue entonces cuando apareció Lívia con la llave en la mano. «Fui yo», dijo con firmeza. «No voy a delatarte. Me amenaza, me ignora y quiere despedir a Camila».
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